El rastro del urogallo

El urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) es un ave en peligro de extinción que vive en lo más salvaje de nuestros bosques de montaña de la Cordillera Cantábrica occidental. También llamado aquí “faisán” es uno de los animales más emblemáticos de la Cordillera, presente también en los pirineos, aunque se trata de la subespecie aquitanicus.

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Macho de urogallo

Observar hoy a esta tetraónida es tarea casi imposible y desaconsejable, por lo frágil de su situación, al borde de la desaparición. Habita esa franja superior de los grandes bosques de robles, hayas y abedules, entre los 1.300 y 1.500 m. de altitud.

El 8 de diciembre del 2005 emprendíamos una excursión invernal por el entorno de Muniellos, cuando el bosque cambia totalmente su piel. Los troncos desnudos de robles y abedules, acompañados por el verdor de los acebos, dominan el paisaje. Son muy visibles ahora las más de 500 especies de líquenes presentes en el gran bosque, donde la nieve cubre de blanco el paisaje por encime de los 1.000 m. de altitud.

Huella de urogallo

Huella de urogallo

Al llegar a una zona del bosque con abedules y acebos, a 1.380 m. de altitud, nos encontramos con muchas huellas de perdiz y de liebre de piornal marcadas en la nieve, que presentaba unos 40 cm. de profundidad.

A lo lejos divisamos unas líneas paralelas y longitudinales separadas por una especie de pequeño montículo entre ambas. Nos acercamos y nos alegramos al comprobar que eran huellas de urogallo, lo que delataba que el gran gallo del bosque aún vive en ese entorno.

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Pudimos ver que había dos rastros distintos, se trataba de las correspondientes a un macho y a una hembra. Pasamos un rato midiendo y estudiando las huellas, y como resultado mostramos los datos del cuaderno de campo;

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Los datos son medidos sobre esa capa de nieve. No se aprecian las uñas.

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Las huellas del macho en la nieve

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Las huellas de la hembra

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En otra ocasión, pasamos por la misma zona, y el urogallo dejó notar su presencia con alguna pluma. Efectivamente, se trata de un ave difícil de ver, por lo escasa y por su costumbre de ocultarse entre los matorrales del suelo al detectar un peligro, pero suele dejar indicios de su presencia, tales como las huellas en barro y nieve, plumas y excrementos, inconfundibles.

Pluma de urogallo

Pluma de urogallo

Los excrementos también son fáciles de identificar, aunque presentan variadas formas. Suelen estar compuestos por trocitos de vegetales (yemas de hayas, brotes y hoja de arandanera…)

Excrementos de urogallo

Excrementos de urogallo

Excrementos de urogallo

Excrementos de urogallo

Así que, cuando uno tiene la suerte de encontrarse con estos indicios, puede estar seguro de estar en un hábitat de gran calidad. No obstante, es delicado andar por lugares con presencia de urogallo, incluso está prohibido por la Ley el ir a intentar escucharlos cantar en época de celo, fotografiarlos o causarles molestias. Los censos arrojan cada año cifras dramáticas, con un descenso imparable en sus poblaciones cantábricas, lo que parece que esta emblemática ave está abocada a la extinción.

 

 

 

 

 

 

 

 

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