El acebo más grande

Muniellos es el reino del roble, sin duda, casi 6.000 has. de robledal de las especies Quercus robur, Quercus petraea, Quercus pyrenaica y Quercus orocantabrica. Eso lo convierte en uno de los mayores robledales de Europa y le ha merecido la distinción con variadas figuras de protección ambiental; Zepa, Reserva Natural Integral, Reserva de la Biosfera. Los robledales son bosques luminosos; las ramas cubiertas de musgos y líquenes dejan pasar mucha luz al suelo. Eso, unido a la orientación de las laderas, el tipo de suelo y la altitud, van conformando un mosaico boscoso en el que los robles son acompañados por múltiples especies de plantas, arbustos y otros árboles.

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Entre ellos, el acebo o xardón (Ilex aquifolium) que se distingue muy bien en el bosque desnudo invernal, cuando es, junto con el tejo, el único que mantiene sus hojas. Y así, en invierno, podemos ver amplias áreas cubiertas de acebos (acebales) y muchos otros salpicando aquí y allá las laderas.

En muchos libros de botánica y en muchas ocasiones el acebo está considerado como un arbusto o como un “arbolito”, y así debe ser en la mayoría de los casos al sur de la Cordillera Cantábrica. Sin embargo en Muniellos y, en general, en el sector occidental de la Cordillera Cantábrica, encontramos ejemplares realmente portentosos, troncos de un perímetro considerable y alturas que sobrepasan los 15 metros. Quizá el más conocido, por estar al pie de la senda que sube a las lagunas de Muniellos, a 1.310 m. de altitud, es el que yo denomino “el rey de los acebos”, sin duda el “xardón” más grande que conozco, el de mayor porte, mayor altura y, sobre todo, mayor diámetro de tronco que, para más datos, sale de la misma raíz dos poderosos fustes que luego se van ramificando.

El rey de los acebos

El rey de los xardones

Este es el poderoso acebo, el xardón más grande de Muniellos y de toda la Cordillera Cantábrica que sólo unos pocos conocen, no por estar en lo más inaccesible del bosque, pues está al pie del sendero de las lagunas, si no por la falta de fijarse en las texturas y formas de los troncos ni por mirar arriba, entre las ramas, identificando las hojas de los árboles o los pájaros de bosque entre los árboles. Los troncos que se ven en la foto corresponden al mismo ejemplar y nos dan idea del descomunal tamaño para tratarse de un acebo. Otros muchos son también muy grandes, extrañando al que se inicia en la botánica el tamaño de estos árboles, sin duda, influenciados por el clima cantábrico, la altitud y el tipo de suelo.

El acebo más grande de Muniellos

El acebo más grande de Muniellos

Efectivamente, en el sendero de acceso a la laguna de la isla de Muniellos, cerca ya del cruce del camino del río y el que viene de Fonculebrera, podemos ver este enorme acebo, cuya edad resulta muy difícil de calcular, pero a juzgar por el tamaño del tronco, por su diámetro, ha de tener varias centenas.

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Las hojas del acebo también presentan bordes lisos

Las hojas del acebo también presentan bordes lisos.

El acebo juega un papel importantisimo en la naturaleza, especialmente en invierno. Además del porte del árbol, éstos se suelen agrupar en conjuntos más o menos extensos que se llaman aquí acebales o en otros lugares acebedas.

Grupo de acebos y tejos en Muniellos.

Grupo de acebos y tejos en Muniellos.

El acebo supone refugio y comida para el urogallo en invierno y junto con otras 20 especies de animales, dependerán en gran medida del xardón cuando el invierno cubre de nieve el suelo de los bosques desnudos. En el acebo, el urogallo se refugia del clima y de los posibles enemigos y las hojas cumplen el papel alimenticio que tienen las acículas de los abetos en Pirineos o el norte de Europa. Se alimenta, pues, de las hojas del acebo y también de sus bayas rojas.

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Excrementos del urogallo

Corzos, rebecos, liebres, zorzales, jabalíes, ardillas y tantos otros dependen de una forma u otra del acebo. Además cuando nieva mucho, la frondosidad de los acebos hacen que su interior sea como un iglú y la temperatura sea superior a la del exterior, debido a su denso follaje de hoja perenne. De hecho, muchas veces se puede ver en lo más crudo del invierno cómo las huellas de los animales en la nieve se dirigen por el monte hacia un acebo o una mata de acebos, donde desaparecen, por estar cobijados allí de los temporales.

Durante una actividad de educación ambiental en Muniellos, dando a conocer este acebo a un grupo de niños

Durante una actividad de educación ambiental en Muniellos, dando a conocer este acebo a un grupo de naturalistas.

Por ello, desde la asociación GECA, de Cangas del Narcea, hace muchos años ya que se promueve la conservación de los acebos, por la vieja costumbre, ya desarraigada, de cortarlos del monte para llevárselos a casa en navidad. Hace tiempo protegidos ya por la Ley, como el caso del tejo, a nadie se le ocurre talar un acebo del monte para decorar su casa en navidad.

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Cartel del GECA de finales de los 80. Dibujo de Mauricio Antón.

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