Lobos y ganado

Lobo y vaca

Parece común dejarse llevar en muchas ocasiones por lo que otros dicen, opinan y por la tradición oral. Parece normal que muchas veces demos por ciertos argumentos y opiniones sin contrastarlo ni verificarlo previamente.
Es, como otros, el caso del lobo ibérico. Cuantas veces se nos dijo que es sanguinario, en cuantos medios de comunicación aparece como un depredador despiadado e incluso, cuanto miedo se siente aún por su presencia en el monte desde muchos sectores de la población. Y si a ello sumamos la presencia de ganado en el territorio donde vive el lobo, la mecha ya está prendida para el odio. A veces conviene no dejarse llevar por estas consideraciones sin que uno pueda certificar y corroborar estas informaciones.

Desde la primera vez que vi un lobo en libertad, en 1987 con la compañía de mi amigo Mauricio Antón en cierta sierra de Somiedo, hasta la actualidad, he podido visualizar varios encuentros directos de los lobos con el ganado; vacas, caballos y cabras, y en todos estos contactos entre el cánido y el ganado, ambos parecieron convivir. Por supuesto, en otras muchas ocasiones no habrá sido así, y el carnívoro habrá tenido que matar para comer, pero no siempre el lobo es tan sanguinario como nos lo han pintado.

Primera acampada para ver a los lobos en libertad

En julio de 1987 Mauricio y yo vimos unos lobos en torno a las 8 de la mañana que habían cruzado entre un rebaño de vacas con sus terneros asturianas de los valles, para dirigirse montaña abajo y perderse en un bonito abedular de blancos troncos que suponía el techo forestal de esos hermosos valles. Ni unos ni otros parecieron molestarse y las vacas siguieron pastando con normalidad.

Esto quedaría en una simple anécdota si no fuera porque en otra ocasión posterior, en abril del 98, pudimos ver dos lobos que pasaron a unos 100 metros de un rebaño de cabras que reposaban en una pequeña y accesible roca tras la cálida salida del sol en una cumbre del alto Narcea. Pudimos seguir el movimiento de los lobos, por el camino, el línea recta, sin pararse siquiera a mirar a las cabras. Éstas quedaron también inmóviles, y algunas tumbadas, sin prestar mayor atención a los lobos, a pesar de que había contacto visual entre ambas especies de animales, sin árboles ni matorrales de por medio.

Un buen amigo, hace un año, pudo ver en el Parque Natural de Fuentes Carrionas, Palencia, un grupo de lobos que jugaba y correteaba entre un rebaño de vacas, igualmente, sin prestar mayor atención unos animales a otros, pudiendo hacer un excelente vídeo sobre este comportamiento.

Y en el invierno del 2017/18 he podido ver durante varios días, la relación entre los lobos y las vacas que, por otro lado, permanecían en el monte a pesar de haber nevado, actividad que no es frecuente ni normal, ya que lo habitual es bajar el ganado de las zonas altas del monte en invierno bien a las cuadras o bien al entorno de los pueblos.

Encuentro de manada lobuna con vacas. Diciembre 2017

Una manada de 6 lobos pasan un día al lado de un grupo de vacas. Un lobo se detiene (círculo superior de la foto), mientras otro sigue caminando cerca de las vacas (círculo inferior). Los otros siguen el camino y los esperan a unos 100 m. El primer lobo sigue parado mirando a las vacas y otro sigue caminando junto a éstas para unirse a los otros lobos dando un rodeo. Las vacas miran a estos dos últimos lobos de la manada, pues están muy próximos, pero no parecen preocuparse, nada parece turbar su comportamiento. Finalmente, todos los lobos vuelven a reunirse y a seguir su camino ladera arriba, y las vacas no se movieron ni un ápice ni parecieron molestarse. Las fotos que muestro aquí carecen de calidad debido a la larga distancia de observación.

Otro día, dos lobos aparecen en escena en la fría mañana de finales de diciembre. Muy temprano, antes de la salida del sol, unas vacas permanecían tumbadas sobre la nieve, excepto una junto a la cual pasa caminando uno de los lobos.

Lobo y vacas

Esta vaca lo mira mientras que la que está tumbada, a unos 4 metros, sigue tranquila. El lobo se detiene y sigue su camino, la vaca que estaba en pie lo mira y lo sigue como para que se vaya, marchándose el lobo con un ligero trote seguido por la vaca, resolviéndose así el encuentro entre los cánidos y las vacas.

Por lo tanto, no siempre el lobo es tan fiero como nos lo han pintado. En muchas ocasiones habrán pasado junto al ganado sin que haya habido un ataque, en otras ocasiones, obviamente si, el lobo ataca de vez en cuando a terneros, ovejas y cabras, pero no siempre. Su presencia en el monte no es, por si misma, justificación para pensar que todos los animales domésticos estarán en peligro.

Lo mismo que yo he podido ver y estudiar, otros naturalistas también lo han presenciado, como podéis ver en estos enlaces:
https://www.youtube.com/watch?v=vEMV59zfNPg
https://www.youtube.com/watch?v=ivj2IDJfyb4

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10157222742934782&id=576309781

Lógicamente, los lobos cazan siguiendo unos impulsos debidos a unas rígidas pautas de comportamiento en las que la jerarquía y la funcionalidad de cada individuo en el grupo lobuno es la clave. De ahí que las manadas queden desestabilizadas cuando se mata al lobo o loba líder en las batidas y controles de población.


Se ha estudiado que los lobos no suelen atacar a sus presas al azar y no lo hacen en cualquier momento. En muchas ocasiones no hay huida de los herbívoros ante la presencia de los lobos. Igualmente, se ha podido comprobar que las presas observan las evoluciones de los lobos y saben si éstos van a cargar contra ellas [El lobo ibérico, Biología y Mitología; Ramón Grande del Brío. 1984]

En las poblaciones de lobos nórdicas se ha podido estudiar este comportamiento [David Mech, The Wolf. New York 1970] y también en el noroeste ibérico. La manada se acerca a un rebaño de herbívoros; ciervos, caribús, etc. Ambos grupos de animales se observan con cierta tranquilidad. Los herbívoros siguen pastando si ven que los lobos no hacen un amago de ataque, continúan su camino y no hay ningún estímulo desencadenante de la carrera de caza, registrándose procesos de pasividad entre ambos. Por su parte, los lobos pueden emprender una corta carrera para levantar el rebaño, hacerle correr y seleccionar al animal más débil; entonces si que emprenderán una carrera de caza en serio, coordinada entre los componentes de la manada para alcanzar el éxito, ya que un lobo en solitario podría morir de hambre; el trabajo en grupo y con la presa más débil es el éxito de su vida social como gran animal predador, lo que contribuye también, como se sabe, a la selección natural y la mejora genética en las especies que constituyen su dieta alimentaria; corzos, jabalís, ciervos, liebres, muflones, cabra montés, rebecos, etc.

Por lo tanto, se ha estudiado que los herbívoros “saben”, lógicamente no de manera consciente si no a través de una serie de estímulos, cuando van a ser atacados y si no detectan estas intenciones por parte de los cánidos, todo se resuelve con normalidad, tal como he visto y relatado en este breve artículo. Simplemente como un apunte, como una pincelada que sirva como ejemplo para la reflexión y el debate, al objeto de contrarrestar tanta mala prensa y corroborar que existen grupos de vacas asturianas de los valles, por ejemplo, pastando todo el verano y otoño en zonas loberas con muy pocos daños a pesar de encontrarse y verse ambos animales de forma habitual.

Lobo en el parque natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias.

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